Clarin.com – La sorprendente historia del cordobés que creó un auto en el país

Por Gabriel Silvera en clarin.com

Adolfo Felippa tuvo que estudiar siempre de noche porque la temprana muerte de su padre lo obligó a trabajar desde los 12 años. Desarrolló a escondidas de sus superiores la Renault Duster Oroch, una pick up que acaba de presentarse en el país.

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Adolfo Bruno Felippa falleció a los pocos meses de haber nacido su sexto hijo, en 1972, también llamado Adolfo. Propietario de una empresa constructora, había sido el responsable de parte de la obra de la primera planta de Fiat en Ferreyra, Córdoba, cuya piedra fundacional se colocó en 1958. Curiosamente fue allí donde encontró su muerte, electrocutado al ser alcanzado por el campo magnético de los cables de alta tensión, justo cuando levantaba unas chapas del techo. El manejo unipersonal del negocio hizo que cualquier sobrante económico se esfumara rápidamente. Y Adolfo hijo, junto a su madre, Blanca Margarita, y a sus cinco hermanos, comenzaba así su vida.

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Adolfo Felippa, durante el lanzamiento oficial de su creación. (Fotos: Martín Lübel)

Esta sería una historia más dentro de tantas, si no fuera porque Felippa hoy adquiere una relevancia notable dentro de la industria automotriz argentina. Este ingeniero es el responsable de la creación y el desarrollo de la nueva Renault Duster Oroch, una pick up que se acaba de presentar en el país y que, si bien hoy se fabrica en Brasil, fue gestada fuera de horario laboral y de manera casi encubiertaen las oficinas de ingeniería que la marca tiene en la fabrica cordobesa de Santa Isabel.

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Para encontrar un hecho similar en la historia de la industria automotriz nacional habría que remontarse a los años 70, cuando Ford Argentina desarrolló en el país la Ranchero, una camioneta que se construyó sobre la base del Falcon. Era una época en que la ingeniería local encaraba proyectos propios.

Felippa conoció desde chico los desafíos. Ya a los 12 años tuvo que empezar a trabajar para poder pagar sus estudios secundarios, que cursó en una escuela técnica y en horario nocturno para cumplir con sus obligaciones laborales. Trabajó en un campo y luego como zapatero. Casi siempre con penurias económicas. Pero su deseo era entrar a “la Fiat”, la fábrica que había construido su padre. Al finalizar la secundaria, una entrevista de trabajo lo acercó a cumplir ese sueño, pero nunca llegó una respuesta por parte de la marca italiana.

Gracias a que su padrastro conocía a un celador del Instituto Técnico Renault, que funciona dentro de la planta, Adolfo terminó ingresando a trabajar a la línea de montaje del R12. Casi en simultáneo empezó la carrera de ingeniería, en la Universidad Tecnológica Nacional, ya que era la única que le permitía cursar de noche y esto no interfería con su turno en la fábrica. Rápidamente se fue destacando hasta que llegó al departamento de ingeniería. Y allí empezó a obsesionarse con la idea de hacer una pick up. “Renault siempre tuvo la idea de hacer una pick up -recuerda Adolfo-. Hicimos distintos prototipos y pruebas, tomando el Clio o la Kangoo como base. Pero no nos parecían realmente innovadores. Siempre quisimos hacer un vehículo que sea versátil y para la familia. Teníamos que poder mantener el compromiso con una doble cabina cómoda y a la vez con una caja de carga”, describe.

Felippa fue derivado a Francia para trabajar en los nuevos proyectos que la empresa tenía pensados desarrollar para Europa bajo su marca Dacia (de origen rumano), pero que en nuestra región iban a ser vendidos como Renault. Terminó en ese equipo porque se dio cuenta que en Ingeniería de Santa Isabel no había nadie que hablara francés y él se puso a estudiar solo, con libros que consiguió. Por supuesto que lo hizo de noche, para no alterar sus costumbres.

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El creador de la Duster Oroch junto a su compadre, Leandro Colombato, actual director de ingeniería de Renault para toda la región.

Ya de regeso en Argentina, en 2010 Renault estaba terminando el Symbol (una adaptación del Clio tricuerpo) y ponía todas las fichas en el Fluence, un sedán mediano que era una bocanada de renovación para Santa Isabel, una planta que hacía años que no recibía un proyecto nuevo. Pero Felippa había vuelto de Francia no sólo con más experiencia, sino que tenía información del SUV Duster, un modelo que llegaría más tarde al mercado. Es ahí cuando su “compadre”, Leandro Colombato, por entonces Director de Ingeniería de la fábrica, le dice (en perfecto cordobés) “¿Y si usamos la Duster?”

– ¿Por qué se les ocurrió pensar una pick up en un momento con tanto proyecto encima?

– Es que iba a visitarnos en la fábrica la número uno de ingeniería de la marca a nivel mundial. Venía justamente para ver cómo se había evolucionado con el proyecto Fluence. Y ahí Leandro me dice “es el momento para vender esto”. Era “la” oportunidad. Y así empezamos a trabajar en la pick up.

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Felippa junto a Clarín, contando su historia y explicando su proyecto.

– ¿Cuánto tiempo tuvieron para trabajar?

– Nos enteramos un mes y medio antes de la visita. Pero como no teníamos autorización, empezamos a hacer las proyecciones en horas suplementarias. Gratis, obvio. Nos quedábamos de noche o íbamos a la planta los fines de semana. Y así empezamos a tirar líneas. Para dibujar usamos el Paintbrush (N. de la R.: es un software muy básico que permite realizar modificaciones sobre fotografías y realizar dibujos no muy complejos). Teníamos los dibujos del Duster y sobre eso trabajamos. Nosotros no somos diseñadores, pero queríamos ver cómo quedaba una doble cabina extendiendo el vehículo. Y así logramos un primer bosquejo que se lo dimos a dos ingenieros que sí trabajan con un programa de diseño de verdad (Catia) y comenzamos a darle forma real. Ver cuáles eran las dimensiones de la caja, cuáles de la cabina. Nuestro objetivo era que se pudiera abrir la tapa de la caja de carga y que entrara un cuatriciclo.

– Porque en ese momento no había pick ups chicas doble cabina…

– ¡Claro! Y nuestro objetivo era tener dimensiones internas y de caja de carga similares a las de una camioneta mediana, pero con un tamaño más compacto. Pero no podíamos extender mucho las dimensiones originales de Duster. Yo me propuse mantener las dimensiones internas. Seguimos ajustando las medidas. El “cuatri” no nos entraba (risas). A dos semanas de la visita ya teníamos un proyecto más o menos presentable, que incluía un detalle de las piezas que serían específicas del modelo un rápido estudio económico. Siempre un cálculo criollo, no? Nada que ver con los números que se precisan cuando se encara un proyecto desde Europa.

– ¿Y qué pasó cuando llegó la visita?

– Llegó la jefa, le presentamos el proyecto y “compró”. Porque era interesante. Era viable. Y la marca siempre tuvo la idea de hacer una pick up. De hecho hubo una en Rumania sobre la base del Logan pero no estaba buena. Y fue ella quien lo patrocinó en Francia.

– O sea que no tuvieron que trabajar demasiado para convencerlos si el proyecto era viable.

– No. Al principio no. Pero es como que entramos por una puerta prohibida. No es el camino real de los desarrollos. Es más, recibimos retos y algunas reprimendas y tuvimos que explicar que fue concebido fuera de hora de nuestras tareas habituales. Sin embargo, y después de aclarar todo, como nos vieron tan motivados nos encargaron a nosotros el desarrollo y a mi me nombraron director del proyecto.

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El prototipo de la Duster Oroch, presentado en el Salón de San Pablo de 2014, que anticipaba las formas de esta pick up.

– ¿Y cómo armaste el equipo?

– Yo quería que fuera bien regional. Había argentinos, brasileños y colombianos, pero sabía que nos faltaba experiencia en desarrollo porque todo se hace en Europa. Así que sumé gente de Francia también. Y el lugar? Se industrializó en Brasil por la simple razón que ya se fabricaba Duster allí, para optimizar costos y recursos.

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“El mayor orgullo es saber que fue un producto que se gestó en la Argentina”.

– ¿Qué te dicen afuera una vez que conocen la historia?

– El orgullo que siempre tuvimos con Leandro, más allá de los reconocimientos, es saber que este es un producto que se gestó en Argentina. Que se ideó en el país. Nosotros siempre trabajamos para que se desarrolle la ingeniería de nuestro país. Como lo marca la historia de Santa Isabel. Cuando yo ingresé a Renault, en 1992, recuerdo de haber visto los tableros con los diseñadores trabajando. Y con el tiempo todo eso se perdió. El desarrollo de tecnología Argentina no siguió y se hacía todo afuera. Y eso fue un poco lo que nos motivó tanto a Leandro y como a mi, que somos un poco de la generación “joven vieja” de Renault.

– ¿Qué le puede significar a la ingeniería argentina el desarrollo de este vehículo?

– Puede ser un nuevo punto de partida. Primero, es el reconocimiento de la región, por haber arrancado desde cero con un proyecto de industrialización. Hoy se reconocen a los ingenieros argentinos y brasileños. Ya a la Fase 2 de Duster le habíamos dado unos toques nuestros, que fueron tomados por otros. El primer faro de LED en Renault lo llevó Duster y ese fue un desarrollo nuestro. Y eso comenzó a darnos más credibilidad. El francés cuando se siente seguro empieza a delegar. Un ejemplo claro es el crecimiento que experimentó el sector de ingeniería en Renault Argentina, que en aquella época éramos unos 60 y ahora debe haber más de 250 ingenieros. Volvimos a traer y realizar ingeniería de motores, que se había “perdido” todo para Brasil.

– El próximo proyecto de Santa Isabel, una pick up más grande, involucra también a Mercedes-Benz y a Nissan y toma como base el producto de la marca japonesa. ¿Cuánta ingerencia va a tener la ingeniería argentina en la futura pick up mediana de Renault?

– Es diferente porque Nissan cuenta con una cultura totalmente distinta de trabajo. Tienen el desarrollo muy centralizado en Japón todavía. Hoy en la pick up de las tres marcas está trabajando un equipo de Japón y hay parte de nuestra ingeniería adentro. Es decir, ellos conducen el proyecto pero están trabajando con nosotros, especialmente en el desarrollo de los proceso de producción. Que eso nos lo ganamos con el desarrollo de la Oroch.

– ¿Veremos nacer otros proyectos con fuerte participación de la ingeniería argentina?

– Sí, seguro. Hasta te diría que tenemos una especie de ingeniería offshore. Trabajamos en el desarrollo de productos que se van a hacer en Francia, por ejemplo.

– Y pensar que todo nació con el Symbol, un auto muy criticado por su diseño…

– Tuvimos que hacer cosas que se adaptaran a la situación en la que estábamos. No teníamos una economía que nos acompañara. Y si hoy la tuviésemos estaríamos haciendo otro tipo de productos, tanto en la Argentina como en Brasil.

El mundo y el negocio del automóvil es muy distinto a como era hace 40 ó 50 años, una época en la que la ingeniería argentina tenía desarrollos propios. Será casi imposible regresar a esos años. Pero la convicción y la capacidad de Felippa nos demuestran una vez más que el potencial en nuestro país existe y vale la pena aprovecharlo.

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